sábado, 8 de marzo de 2014

la toma de zacatecas


El conflicto comenzó el día 23 de junio de 1914.
Villistas en las calles de la ciudad.
En la víspera, el general Ángeles retiró las piezas de artillería de sus posiciones originales y las emplazó en sitios imperceptibles y muy cerca de las líneas defensivas de los federales. Los últimos tres días convenció a los huertistas que ya tenía definidas sus posiciones. El disparo de un cañón a las diez de la mañana en punto anunció el inició de la batalla. Los villistas avanzaron por los cuatro puntos cardinales intentando arrebatar a los federales sus posiciones en la Bufa, el Grillo, la Sierpe, Loreto y el cerro de La Tierra Negra. Cuarenta cañones (28 por el norte y 12 por el sur) entraron en acción al mismo tiempo para apoyar el despliegue de la infantería que ascendía presurosa por los cerros que rodeaban la ciudad.
Al caer la noche la batalla estaba perdida para las fuerzas federales. Muchos soldados encontraron la muerte al tratar de huir de la ciudad, refugiándose en casas y hospitales, sin embargo fueron diezmados por los villistas, quienes no hacían distinción entre soldados y civiles. Esa noche muchas casas fueron objeto de vandalismo, saqueo y muerte de sus ocupantes. Fue hasta el día siguiente que Villa ordenó a sus tropas que detuvieran el saqueo, ante las quejas de los representantes civiles de la ciudad, por lo que mandó fusilar a algunos de los saqueadores, no sin antes haber quemado edificios públicos.

Los resultados de la lucha fueron: casi seis mil muertos y trescientos heridos de los federales; mil muertos y doscientos heridos de los revolucionarios. Más de tres mil federales prisioneros, de los cuales, algunos fueron fusilados, otros incorporados al ejército de Villa y otros más, liberados porque eran de leva. Cientos de civiles muertos y heridos. La ciudad seriamente dañada. Equipo capturado de doce mil rifles, doce cañones, varias ametralladoras, nueve trenes y doce cañones montados en carros plataforma de ferrocarril.
Si bien se habla de una cifra oficial de ocho mil muertos, se calcula que en realidad fueron más de diez mil, pues los combates continuaron casa por casa, realizándose verdaderas masacres en hospitales e iglesias, donde tanto la población como las fuerzas federales se refugiaban. Las crónicas de la época hablan de que en el camino real "los muertos se acomodan a lo largo del camino, entre bestias, mujeres, soldados y niños".3

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